¿Qué recuerdas de tu infancia? ¿Identificas al niño que fuiste?

Quizá guardes momentos muy precisos; a lo mejor, algunos más frescos que otros recientes. Nuestra memoria, además de selectiva, puede ser un misterio
niños jugando

 

Raquel Castejón

Raquel Castejón

Redactora CADENA 100

Tiempo de lectura: 1’

¿Será porque, en la niñez, la vida no es tan ajetreada y paladeamos cada momento? 
 

niña y libros

 


¿Y tú, qué eres capaz de recordar de aquellos primeros recreos? Con una piedra, los piñones que conseguías abrir a golpe limpio, y los golpes limpios que te dabas a fuerza de caerte de las ramas de los pinos, te sentías adulto y superviviente.  Jugando a “los papás y las mamás”, hasta te acercabas a la paternidad – ni de lejos-, y te sentías libre e independiente. 

¿Y aquella cancioncilla para dormir que, aunque no fueras un bebé, exigías para relajarte y despedir el día? Haz un esfuerzo y trata de encontrarla entre tus recuerdos. Seguro que no anda muy lejos... 
Por no hablar de la primera cicatriz o golpe de verdad; esa caída que te hizo conocer el dolor y que aún luce en tu piel, a la par que afloran las primeras arruguillas de expresión. 

Y ahora, visualiza esa película; aquellos diálogos que aún repites de memoria (y carrerilla). Puede ser que se la pongas a los niños de tu familia y nunca te hayas desprendido por completo de ella. Qué gusto da apreciar las cosas en diferentes momentos de la vida y que, en cada uno, nos aporte una sensación distinta, ¿verdad? Algo parecido sucede con los libros; es mágico... 

Otro recuerdo preciado viene a través del olfato. Aquel olor a café para los mayores y chocolate para los niños nada más volver del cole, o el aroma del arroz los domingos en casa de la abuela... Esa cocina tiene un no sé qué que hace que todo sepa mejor, aun hoy. 

Ya sabes, nunca dejes de paladear tu infancia. Aunque ella no vaya a volver, tú puedes viajar hasta aquel lugar cada vez que quieras. Eso sí, luego toca volver... 

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