De la gran Lola Flores a Alba, generaciones con arte

La esencia y raza inconfundible de esta saga de artistas sigue impregnando la historia musical de nuestro país pese a la pérdida de varios de sus miembros
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Raquel Castejón

Redactora CADENA 100

Tiempo de lectura: 3’

Muchos oficios pasan de generación en generación. En el caso de los músicos, el factor genético es determinante. En esta familia, al menos, el talento corre por los cuatro costados de sus miembros, Derrochan arte a raudales en sus tres generaciones y forman parte de una de las sagas más reconocidas de nuestro país. 

 La saga de los Flores comienza con el enlace entre la cantaora y actriz Lola Flores (“La faraona”), hermana de la también cantante Carmen Flores, y el guitarrista Antonio González, más conocido como “El pescaílla”, dos iconos del flamenco de nuestro país. 
Así pues, sus tres hijos Lolita, Antonio y Rosario nacen y crecen rodeados de grandes artistas, actuando para ellos desde bien pequeños en las fiestas que organizan sus padres.  
 


Lolita 

La primera hija de este matrimonio es María Dolores González Flores, “Lolita”. Como sus dos hermanos, crece en el madrileño barrio de Chamberí, pero pronto comienza a recorrer mundo gracias a la carrera de su madre. Con tan solo cuatro años, viaja con ella a Guatemala, y allí acaba participando en el rodaje de la película: La gitana y el Charro, que supone su primera incursión en el arte. 
A pesar de este papel, Lolita muestra más inclinación hacia la música, en especial por la rumba catalana gracias a la influencia de su padre. 

En 1975, la primogénita de “La faraona” debuta con el álbum Amor, amor, que le valdría el disco de Platino en nuestro país y en América. Después de dicho disco, se publicarían otros tantos como Abrázame, Mi Carta o Seguir soñando, aunque con menos repercusión que el primero. Sin embargo, ninguno de sus trabajos discográficos ni canciones llega a calar en el público como el sencillo Sarandonga, que se ha convertido en su canción más icónica. 
 
En cuanto a su faceta actoral, Lolita ha trabajado tanto en cine como en televisión, y destacan sus papeles en películas como 2 francos, 40 pesetas y Rencor, que le valdría un Goya al Mejor Actriz Revelación. En relación a la pequeña pantalla, descuella su participación en series como La sopa boba y Hostal Royal Manzanares, además de presentar junto a su madre el programa Sabor a Lolas. Asimismo, ha ejercido de jurado en el concurso Tu cara me suena y ha dirigido Lolita tiene un plan, donde ha entrevistado a Sara Baras, Niña Pastori y José Mercé, entre otros. 

Además, ha sabido transmitir a sus dos hijos Elena y Guillermo Furiase la pasión por el arte.  
La primera ha heredado de su madre dotes evidentes para la interpretación televisiva, participando en series como El internado o Amar es para siempre. 
Guillermo, por su parte, tiene un grupo de música llamado Albha, del que también forma parte el novio de Elena, Gonzalo Sierra. 
 
Antonio 

Antonio (González) Flores, por su parte, aprende de su padre a tocar la guitarra y, aunque tuvo varios papeles reconocidos en el cine, siempre dio preferencia a su labor como compositor e intérprete, alimentando sus raíces gitanas y flamencas con tintes de rock y blues. En 1980 debuta con el álbum Antonio, que contiene el himno antiviolencia No dudaría y, un año más tarde, ve la luz su siguiente disco: Al caer el sol (1981), donde destaca Pongamos que hablo de Madridcompuesta por Joaquín Sabina y Antonio Sánchez.  

En cuanto a su faceta como actor, en la que Antonio se centra en este momento, destaca su papel protagonista en la película Colegas (1982), donde se hizo cargo además de su canción principal, Lejos de aquí, junto a Cucharada, la banda de Manolo Tena. 
El artista también aparece en otras cintas como El balcón abierto (1984) de Jaime Camino, o Calé (1987) de Carlos Serrano, antes de volver a la carga en 1988 con su tercer álbum: Gran Vía, para el que decidió sumar el apellido de su madre a su nombre artístico por primera vez. 

En 1994 se publica Cosas mías, su álbum más aclamado, en el que destacan las canciones Siete vidas, Cuerpo de mujer, Alba- dedicada a su hija- o Arriba los corazones. 
Por desgracia, quince días después del fallecimiento de su madre, Antonio corre la misma suerte, perdiendo la vida con tan solo 33 años.  
Como tantos otros, es de esos artistas que no ha gozado de un merecido reconocimiento en vida, pero sus canciones aún hoy siguen calando en propios y ajenos al flamenco. 

Además de por toda su obra, que continúa viva a través de su familia, sus fans y la cantidad de artistas que lo siguen versionando con devoción a día de hoy, el espíritu de Antonio sigue presente a través de su hija Alba que, aparte de ser un calco de su padre, ha heredado sus tablas para la interpretación y, actualmente, desarrolla su carrera como actriz en cine, teatro y series. (Vis a visLa casa de papel...) 
 

GALA ONCE de TVE en 2011, donde interpretó el tema Siete vidas con su hermano en el escenario gracias a los avances informáticos, que recuperaron una antigua actuación del madrileño. 

Rosario 

La benjamina de la familia ha seguido los mismos pasos que sus hermanos en el ámbito musical. Debuta con apenas veinte años con el álbum Vuela de noche, que supone el comienzo de una brillante carrera que la ha convertido en una de las grandes indiscutibles de nuestro país.  

No obstante, su salto definitivo a la fama se produce gracias al lanzamiento de su segundo disco, De ley, que incluye temas como Mi gato y Sabor, sabor. 

Es en este momento cuando sucede la pérdida de su hermano, que conmociona a toda la familia, y de ese trágico capítulo surgen canciones como Qué bonito, dedicada directamente a él. Además, entre sus canciones destacan: Cómo quieres que te quiera De mil Colores.
Al margen de esta actividad musical, Rosarillo, como la solía llamar su madre, también destaca por haber sido una de las coaches del programa La Voz y La Voz Kids. 

Aparte de eso, participó junto a su hermano en los albores de su carrera en el rodaje de películas como El taxi de los conflictos, Colegas y Calé. 
En el plano personal, desde 2006, la primera de los tres hijos de los Flores está casada con Pedro Manuel Lazaga Busto, y tiene dos hijos: Lola Orellana, pintora, escritora y fotógrafa, y Antonio Lazaga. 
 


En definitiva, una familia con estrella, cuyas unas generaciones venideras perpetúan un arte y estilo único que sale por los poros de todos sus miembros.

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