El secreto del profesor

Si tu hijo no ha sacado buenas notas y está pensando abandonar los estudios, la historia de este profesor puede hacerle cambiar de idea por completo
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El secreto del profesor

Tiempo de lectura: 3’

John Corcoran empezó a hablar más tarde que el resto de sus hermanos.
Cuando fue al colegio y llegó el curso en el que se aprendía a leer, surgieron los problemas. Este americano confiesa que ?para él, leer era como abrir un periódico en chino que, al mirarlo, no sabía descifrar ni entender. Recuerda que se pasaba la noche rezando: 'Por favor, Señor, déjame aprender a leer mañana cuando despierte'. Algunas veces encendía la luz, cogía un libro y lo miraba para ver si el milagro había sucedido. Pero nunca ocurrió" explicó este docente a la BBC.

Así pues, los profesores sentaron a Corcoran en la ?fila de los tontos? del aula, aunque le comentaban a sus padres que era un niño muy listo y confiaban en que acabara aprendiendo a leer con el tiempo. Lo fueron pasando de curso y, cuando alcanzó la edad adolescente, ante la impotencia de seguir el ritmo del resto de la clase, empezó a rebelarse y a meterse en problemas, lo cual le valió la expulsión de la escuela.

"Quería ser otra persona, sentía deseos de tener éxito. Deseaba ser un buen estudiante, pero simplemente no lo podía hacer". Así describe John este duro periodo de su vida...

Al final, cansado de ser el hazmerreír de la familia y del instituto, optó por despuntar en matemáticas y en los deportes, así como por portarse ?bien?, con el objetivo de ganarse a los profesores y conseguir aprobar. Además, era una persona súper sociable, luego consiguió muchos favores de sus compañeros en cuanto a deberes y exámenes.
Al pasar a secundaria, Corcoran seguía sin saber leer, lo cual llevaba en secreto por vergüenza, pero fue sobreviviendo en lo académico, hasta que logró entrar en la universidad gracias a una beca de atletismo.Al comenzar la carrera, supo que la mentira había llegado demasiado lejos, pero no sabía cómo ponerle freno, así que se unió a un grupo social universitario que tenía copias de exámenes antiguos que solían repetirse cada año, además de colarse en la universidad para robar exámenes.
Estaba cumpliendo su objetivo, pero se sentía fatal. Confiesa que lloraba muchas noches por el remordimiento, pero no sabía cómo cambiar las cosas. Con todo, acabó por graduarse y convertirse en profesor.

"¿Por qué entré al profesorado? Fue una locura. Pero había pasado por la secundaria y la universidad sin que me descubrieran. Ser profesor era una buena manera de esconderme. Nadie sospecharía que un docente no sabe leer", recuerda. Como es lógico, nunca escribía en la pizarra ni pasaba lista. Consiguió que los alumnos más aventajados la pasaran por él.

Confiesa que donde lo pasaba realmente mal era en los claustros de profesores, pero nunca llegó a ser descubierto.
En un momento dado, decidió contarle el secreto a su mujer, pues su hija se quejaba de que ?no le leía los cuentos como ella?.

En palabras del propio John, ?enseñó secundaria desde 1961 hasta 1978. Ocho años después de renunciar a su trabajo, finalmente algo ocurrió. Estaba a punto de cumplir 48 años, cuando vio a Barbara Bush, la esposa del entonces vicepresidente de Estados Unidos, hablar en televisión sobre la alfabetización para adultos. Nunca había escuchado eso antes. Pensaba que era la única persona en el mundo en esta situación."

Se encontraba en un momento desesperado de su vida. Quería contárselo a alguien, que lo ayudaran y, un día, en el supermercado, estaba en la fila cuando escuchó a dos mujeres hablar de su hermano mayor. Estaba aprendiendo a leer y ellas estaban muy contentas y no lo podían creer. Así que, un viernes en la tarde, se fue de traje a la biblioteca y pidió hablar con la directora del programa de alfabetización, y le dijo que no sabía leer".
Al final, consiguió aprender gracias a esta mujer, un apasionada de los libros, y decidió contar su historia porque necesitaba que la gente sepa que ?nadie es tonto, y que todo el mundo puede aprender; que nunca es tarde".

Una gran lección de vida, ¿no te parece? Saludos de Jordi Cruz.

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