La petición de la madre de Carlos Alcaraz como medida de protección del tenista: "No tiene que dejar que la gente se meta"
Virginia Garfia, madre de Carlos Alcaraz, lanza una advertencia con el mero objeto de proteger a uno de los deportistas más importantes del momento en nuestro país

Virginia Garfia, la madre de Carlos Alcaraz, preocupada por la presión a su hijo
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No hay duda de que se ha convertido en una de las figuras más importantes de nuestro deporte. A sus 22 años, cumplidos el pasado mes de mayo, Carlos Alcaraz se ha convertido en una de esas figuras sobre las que se posan todas las miradas, y no solo cada vez que salta a la pista para darle a la raqueta. Y eso es lo que, como le pasaría a cualquier madre, ronda las preocupaciones de Virginia Garfia, la mujer que le dio la vida al murciano.
Siempre desde la discreción, tanto ella como su marido son fieles seguidores, desde la grada, de este joven al que, el pasado domingo, le tocó reponerse a una derrota en la final de Wimbledon. No fue rival para Sinner, a quien le había tocado estar en el otro lado de la decepción en Roland Garros.
Volviendo a esa madre que sufre con todo lo que rodea, pudimos escucharla en el documental 'A mi manera'. Hablaba, precisamente, para manifestar esos miedos y preocupaciones por el estatus que ha alcanzado su hijo. "La gente espera que sea como Rafa, una leyenda", comenzaba con esa siempre peligrosa sombra que es la comparación con quien ha estado antes en el mismo lugar. Máxime cuando estamos hablando de un Nadal que son palabras mayores.
En esa producción que lleva la forma de Netflix, Virginia reflexionaba: "Pero no tiene que dejar que la gente se meta en esa parcela suya". Algo que es complicado cuando te llega la fama de golpe y porrazo y sientes la presión de tener que mantenerte sereno y con la mente fría. Es entonces cuando lanza una petición que suena, prácticamente, a grito desesperado: "Que no lo conviertan en un juguete roto".
Mujer de trabajo más que de palabras
Estas son las prácticamente únicas palabras que hay de una Virginia que prefiere los hechos a los grandes discursos. Como se aprecia, sale en el documental, tan solo, para poner en el foco la importancia de proteger a un Alcaraz que, desde la madurez que ha tenido que adquirir al empezar a ver su nombre en los titulares de todos los medios, no deja de ser un joven que bien podría estar disfrutando la vida de un modo más relajado.
Garfia, como decimos, es más de obra que de palabra. En concreto, de ese trabajo que le ocupa buena parte de su tiempo y que, de alguna manera, es responsabilidad de su hijo. Porque ella es la vocal del patronato de la Fundación Carlos Alcaraz -donde su marido ejerce la vicepresidencia-. La misma se puso en pie haca, aproximadamente, año y medio, y trata de procurar el bienestar infantil a través del deporte.
Una demostración no solo de cómo a ellos les ha cambiado la vida este giro tan radical que ha dado la carrera de su hijo, sino que son una familia unida e involucrada en los asuntos que tengan que ver de los otros. De ahí esa petición de que, por favor, se deje a Alcaraz seguir su camino sin prisas y sin presiones que puedan pasarle factura.

