José Antonio Luengo y Jero García: claves para entender y combatir el acoso escolar
“El acoso es violencia”. Con esta contundente afirmación comienza el nuevo episodio del videopodcast Un poco de luz, presentado por Javi Nieves.

José Antonio Luengo y Jero García con Javi Nieves
Madrid - Publicado el
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Una violencia que se esconde a simple vista
“El acoso es maltrato. Es violencia”. José Antonio Luengo no titubea al definir el problema. Con décadas de experiencia acompañando a jóvenes, alerta de que entre un 8% y un 10% de los chicos y chicas sufren situaciones de acoso escolar graves, duras e intensas. Pero más allá de las cifras, lo que preocupa es el silencio que lo envuelve.
“Cuando les preguntas cómo están, la mayoría dice que todo va bien, porque reconocer el dolor es mostrar debilidad. Y eso, en la adolescencia, cuesta”, explica Luengo. Este silencio —lo llama “silencio epidémico”— es uno de los grandes enemigos a la hora de prevenir y detener estas situaciones. La crueldad que no se ve… y que no se detiene
Para Jero García, la crueldad se ha vuelto más sofisticada y más insensible. “Cuando acosas a través de redes sociales no ves el daño que haces. Y si no ves el daño que haces, no paras. Te deshumanizas”, señala con firmeza. En este nuevo terreno digital, los límites se difuminan y el daño emocional se amplifica.
El vacío también duele, y mucho. “Una de las violencias más duras es hacer el vacío a alguien. Y eso, hoy, está muy normalizado”, alerta García.
¿Dónde está el foco? En casa y en el aula
Ambos invitados coinciden: padres, madres y profesores tienen un papel irrenunciable. “El primer parapeto educativo son los padres. Ellos deben saber si su hijo es acosado… o si es el que acosa”, sostiene García. Formar a las familias, dice, es urgente.
Luengo añade que el profesorado también debe mirar con otros ojos: “Hay que sumar complicidades. Eso significa identificar a los alumnos con sensibilidad, con empatía, con valores… y darles herramientas para que acompañen al que lo está pasando mal. Porque no basta con castigar al acosador, hay que fortalecer a quienes pueden construir convivencia”.
El deporte, una vía de salida
Más allá del análisis, Jero García comparte su vivencia personal. “Cuando piensas que no sirves para nada, tiras la toalla. La única forma que tenía de reafirmarme era con la violencia. Pero todo pasa y todo se entrena. Yo he entrenado mucho para intentar, ahora, ser buena persona”. Para él, el deporte ha sido una tabla de salvación: “No hay mejor antidepresivo. El deporte transforma”. Reeducar la mirada
Luengo concluye con una reflexión clave: “Hemos arrinconado la bondad, el cuidado, el compañerismo. Y en su lugar, se aplaude un liderazgo arrogante, chulesco. Tenemos que recuperar el valor de ser buena persona”. Porque en la raíz del acoso, insiste, hay un fallo colectivo en cómo enseñamos a convivir.
En un contexto donde las redes sociales han multiplicado las formas de intimidar y donde la empatía escasea, Un poco de luz ofrece, una vez más, una conversación imprescindible. Para quienes quieren entender, para quienes acompañan, y para quienes ya no pueden —ni quieren— seguir callando.


