Leiva encontró la tranquilidad en su hermano Juanchito ante el lanzamiento del documental: "Entendí que la mirada siempre iba a ser familiar"

'Hasta que me quede sin voz' se ha coronado como uno de los documentales más honestos de los últimos años, todo gracias a la gran labor detrás de las cámaras y la cercanía entre Leiva y sus compañeros

Leiva, 2025

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Leiva, 2025

Noelia Borghini

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'Hasta que me quede sin voz', seis palabras que han cobrado un nuevo significado gracias a uno de los grandes artistas que encontramos en el panorama musical actual. Ese es el documental con el que Leiva nos abre la puerta a su intimidad, nos acerca a su mundo interior y se muestra como el ser humano que es. Aunque no es solo el proyecto el que nos está ayudando a entenderle, sino que las entrevistas de promoción siguen desvelando pequeños secretos que oculta en su mente.

Una de las más sonadas fue para la revista 'GQ', en la que habló de temas diversos, desde la enajenación que sentía sobre el escenario y que le llevó a cambiar la mentalidad a cómo ve la industria musical actual, así como la conexión con las generaciones más jóvenes. Sobre este último tema destaca que "todo ha cambiado y hay que saber perder", ya que él "no puede estar buscando una conexión con la chavalería". Ahora se ha pasado por el pódcast 'El sentido de la birra' para aportar una nueva dosis de realidad, explicando por qué su hermano Juancho ha sido vital a la hora de aceptar que lo que estaba mostrando en su documental era más que honesto.

Del miedo de las cámaras a la aceptación

"Yo nunca hubiera hecho un documental de hacerme ese autobombo, jamás", comenzaba explicando frente al micrófono de Ricardo Moya. "Me aterraba un poco el plan de las cámaras, un poquito invasivo y yo que nunca he tenido redes sociales y me he mantenido muy al margen y muy blindado con mis cosas, me parecía un plan ciertamente aterrador, entonces no quise durante mucho tiempo". Leiva no está acostumbrado a tanta exposición de golpe, por ello este documental parecía lejano a su personalidad, aunque comenzó a pensar en la base de todo y sus dudas se disiparon. "Me debo al barrio y mis colegas pensaban que había algo y confié en ellos. Lo que pasa es que luego entendí que la mirada siempre iba a ser familiar porque son amigos del barrio y compramos dos cámaras". 

Gracias a tener ellos las cámaras no dependían directamente de un equipo concreto de grabación y podían captar cada instante con su esencia propia. "Yo tenía una Super 8 y una handycam siempre. Entonces la premisa fue con mi entorno, en casa o de vacaciones en el campo y si había algo interesante había permiso para disparar con la Super 8 o con una cámara". Todo sin olvidar que "siempre rodaron amigos", facilitando la producción de este 'Hasta que me quede sin voz'. "Si se tiene que esperar a que venga un equipo cuando pase algo se pierde mucha espontaneidad. Entonces ahí, cada vez que sucedía algo había alguien rodando. Pero inevitablemente pues se ve ahí el lado humano y en momentos pues encabronado o triste. Y yo creo que se parece bastante a mí. Me reconozco". Pese a que él se ve en este proyecto ese era su mayor miedo, algo que se disipó gracias a su familia. "Mi hermano Juanchito cuando lo vio me dijo 'veo a mi hermano Miguel los 90 y pico minutos de la peli', y eso me hizo... Ahí me relajé porque pensé OK, estamos siendo honestos"

disfrutar del momento, su mejor filosofía

Leiva tardó en darse cuenta de que "la vida es lo que sucede entre escenario y escenario", ya que él pensaba que era únicamente lo que pasaba sobre ellos. Por esta razón evitaba estar en casa, acabando con "una cierta distorsión del mundo real". Ahora ya ha entendido que "debe construirse como ser humano fuera de la música y disfrutar porque esto se va mañana".

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