¿Te acuerdas de Bubbles? Te contamos qué fue del mítico chimpancé de que creció junto a Michael Jackson en los 80

Bubbles fue adoptado cuando era tan solo un bebé durante la época más excéntrica y mediática del cantante

Michael Jackson junto su inseparable amigo Bubbles

Michael Jackson junto su inseparable amigo Bubbles

Redacción digital

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¿Te acuerdas de aquel chimpancé que se sentaba al lado del rey del pop, vestido a la moda y con su propia cuna en su rancho de Neverland? Por supuesto que sí, pero la realidad es que aquel fiel compañero de Michael Jackson vive hoy una realidad muy distinta. Tras décadas de leyenda, Bubbles -así es como se llama- ha encontrado su propio remanso de paz alejado de los focos y las excentricidades de su pasado. Su historia, que es a la vez fascinante y conmovedora, nos habla de fama, amor animal y una jubilación llena de dignidad en un santuario en el que cuidan de él.

El nombre de Bubbles es sinónimo de la época más excéntrica y mediática de Michael Jackson. Y es que, a principios de los años 80, en pleno apogeo de su carrera y con el lanzamiento del álbum 'Thriller' en marcha, el rey del pop adoptó a este chimpancé cuando tan solo era un bebé. Su relación se volvió inseparable y Bubbles no era una mascota cualquiera, ya que vivía con él en la casa principal de Neverland, dormía en una cuna, usaba pañales y, en ocasiones, vestía ropa a juego con la de su dueño. Le acompañó durante la gira de 'Bad', en la grabación de sus videoclips e incluso en entrevistas y apariciones públicas, convirtiéndose en el chimpancé más famoso del mundo.

Sin embargo, a medida que Bubbles crecía, su comportamiento y su instinto natural se volvieron incontrolables para estar en un entorno doméstico, y menos en uno tan particular como en el que vivía Michael Jackson. Los chimpancés son animales extremadamente fuertes e inteligentes, pero pueden volverse agresivos al llegar a la madurez; por eso, a principios de los años 90, el cantante tuvo que tomó la difícil decisión separarse de él, por lo que su inseparable amigo fue trasladado a un centro especializado en California. En 2005, el chimpancé fue finalmente reubicado en su hogar definitivo en el que habita hoy: el centro de grandes simios de Florida, un santuario dedicado a ofrecer a los primates un entorno seguro y adecuado para su especie.

Desde entonces, la vida de Bubbles ha sido un nuevo y tranquilo capítulo. A sus 42 años, el chimpancé goza de una salud excelente y ha encontrado un lugar en el que puede vivir sin la presión a la que estaba sometido en el mundo exterior junto a Michael Jackson. En el santuario ha establecido una jerarquía social y es el líder de su grupo de chimpancés, donde su naturaleza amable y pacífica le han permitido convertirse en una figura respetada y querida. A pesar de que se le describe como un animal tímido, sus cuidadores afirman que tiene una personalidad juguetona y un gran sentido del humor. Le gusta especialmente lanzarle arena y agua a los visitantes para comprobar sus reacciones.

Una de las facetas más sorprendentes de su nueva vida es su talento para la pintura, una actividad que sus cuidadores han fomentado como parte del enriquecimiento ambiental. Bubbles, en un acto de pura expresión artística, crea lienzos que son subastados como parte de una iniciativa del centro para financiar el cuidado de todos los primates que residen allí. Cada año, el centro celebra su cumpleaños y su aniversario de estadía, un recordatorio del compromiso continuo con su bienestar y con el legado de su famoso propietario.

Y es que el mantenimiento de Bubbles no sería posible sin un apoyo financiero significativo. El patrimonio de Michael Jackson sigue cubriendo los costes del animal, que se estiman en más de 130.000 dólares al año, una cifra que incluye una alimentación especializada, atención veterinaria regular y un entorno estimulante para su desarrollo físico y emocional. Un tributo digno a la singular relación que compartieron y un gesto que asegura que Bubbles, la gran estrella de Neverland, pueda vivir sus últimos años en paz, rodeado de su propia especie y con el respeto que siempre mereció.

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