Las fotos con las que Sara Carbonero se dirige, públicamente, a su madre después del calvario de salud por el que ha transitado: el mensaje para el que se sirve de sus hijos
Sara Carbonero reconoce, públicamente, a su madre en el día de su cumpleaños. La mujer que ha arrimado el hombro en el cuidado de sus hijos durante su convalecencia

Sara Carbonero y el gesto hacia su madre en redes en su cumpleaños
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Poco a poco, la vida de Sara Carbonero se ordena y regresa a esa rutina reconfortante. Esa en la que, lo mismo tienes que ir a llevar a tus hijos a sus partidos de fútbol de fin de semana que a trabajar en esa marca de moda que comparte con quien, más que una amiga, es una hermana para ella, Isabel Jiménez. Atrás va quedando ese susto de salud que se llevaba en los compases iniciales de un año en el que, este lunes, su madre soplaba una vela más en su tarta de cumpleaños.
Y, como buena hija, Sara no desaprovechaba la oportunidad de felicitar, públicamente, a Goyi Arévalo. Esa mujer discreta que, a pesar de la fama de la mayor de sus dos hijas, nunca ha querido situarse bajo el foco mediático. ¿Cómo ha mostrado su amor la periodista a quien debe la vida, en el sentido más estricto de la expresión? Rescatando dos fotos.
Una de ellas, en la que se ve a la orgullosa abuela, de espaladas, junto a esos dos hijos que Sara tuvo al lado de Iker Casillas, Martín y Lucas. "Feliz cumpleaños, mamá. No podemos quererte más", escribe sobre esa instantánea, antes de colocar una segunda 'story' en la que tira de álbum en sepia y desempolva dos instantáneas de los tiempos mozos de Goyi.

Sara Carbonero y las fotos con las que felicita a su madre públicamente
Su papel clave desde Madrid
Durante esas semanas en las que la vida de Sara volvió a zarandearse y atravesó un nuevo problema de salud que la llevó al quirófano y a la UCI, Goyi permaneció en Madrid encargándose de la logística con sus nietos. No solo con los hijos de la televisiva, sino, además, con esos otros dos que tiene Irene, su hermana. Porque ella, desde hace un tiempo, tampoco cuenta con una salud de hierro. Así que, lo que se convino fue que no volara hasta Lanzarote, porque ya contaba con suficientes apoyos. Todo ello, desde un punto de buen entendimiento con quien fuera su yerno, Iker, con quien se turnó para que los pequeños estuvieran bien atendidos mientras su madre esperaba a poder regresar a la capital para proseguir con su recuperación.
La normalidad
Hace un par de semanas, Sara celebraba en las redes la normalidad. Lo hacía al lado de un carrusel de imágenes de esa jornada de fin de semana en la que cobran sentido las pequeñas cosas de la vida. "Dejo constancia por aquí de la tarde en la que volví a hacer otra de las cosas que más me gustan. Acompañar a mis pollitos a los campos de fútbol"; comenzaba escribiendo.
"Previa cita con mis mamis-amigas para tomar por fin al sol en la cafetería un café / tercio/ kombucha o lo que surja según la ocasión; continuaba antes de lanzar una reflexión potente: "Me he dado cuenta de que no era consciente de la necesidad que tenía de que esos rayitos de sol me dieran en el la cara hasta que lo han hecho. De poder secarme el pelo al aire libre. Me ha cambiado la energía , mucha calma".
"Aunque en mis vaqueros sea primavera, no quiero arañarle ni un solo día al invierno que todavía tenemos por delante porque, además de que es una estación que me gusta mucho, la sensación sería de que esto va muy rápido"; proseguía para llevarnos a una pista de eso que está padeciendo por dentro y arropada por los suyos: "Por lo demás , he confirmado que me canso bastante subiendo escaleras (de momento)".
"De lo que no me cansaré nunca es de repetir aquello de 'bendita cotidianidad'", remataba antes de dar una de esas pinceladas musicales que son marca de la casa como punto final: "¡Ah! Y de escuchar a Olivia Dean".

