La confesión de Karlos Arguiñano sobre su vida antes de que llegara la fama: "La televisión me salvó"
Con libro renovado en el mercado y un documental en el horizonte, Karlos Arguiñano recuerda la situación en la que estaba cuando la televisión se cruzó en su camino

Karlos Arguiñano recuerda cómo la tele le salvó la vida
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Fue un precursor en la televisión nacional de todos esos formatos de cocina que, ahora, están a la orden del día. Cuando Karlos Arguiñano nos abría las puertas de sus fogones, el 'boom' no se había dado y era uno de esos innovadores en un medio que, en nuestro país, trataba de dar el estirón. Hablamos de los años 80 y, él mismo, recordaba en el plató de 'El Hormiguero', hace unos días, cómo supuso un antes y un después para él, que no atravesaba una situación muy boyante.
"La televisión me salvó", decía con mucha rotundidad antes de explicar cómo había pedido un crédito para montar un hotel justo en el momento en el que hubo una crisis importante de trabajo. "Pedí un préstamo 250 millones de pesetas y, de pronto la crisis, bajó un 70% el trabajo", se sinceraba ante Pablo Motos, que seguía con mucha atención las palabras de Karlos. "Empecé en la televisión con 40 años y ahora voy para 80 y aquí sigo", ponía sobre la mesa con una pizca de ese sentido del amor en el que se le reconoce.
Un clásico de las Navidades
Pero, ¿cuál era el motivo principal de su visita a ese programa? Como ya es tradición en estas fechas, Arguiñano ha relanzado su libro, actualizado: 'Cocina para todos: las 560 recetas que nunca fallan'. Una obra que aprovecha a presentarnos en este momento del año, por si a alguien le viene bien como sugerencia de regalo para un ser querido que le guste la cocina o que necesite una mano extra para defenderse con las sartenes y las cazuelas.
Y, ¿cómo lo vendía a los telespectadores Arguiñano? De manera muy sencilla y directa: "Es el mejor regalo que se puede hacer porque hay que comer todos los días, hay que comer sano". No le falta razón a un profesional que indica que, sus propuestas, están realizadas a base de "ingredientes muy sencillos que la gente puede comprar a 10 minutos de su casa". Porque él siempre ha defendido lo tradicional. Esos platos que nos recuerdan a casa y que no tienen unas elaboraciones tan pretenciosas como las que encontramos en los restaurantes con cocina de autor.
Alimentos imprescindibles y su documental
Karlos se mojaba a la hora de hablar de sus tres recetas 'must'. La primera, no lo dudaba, tenía que ser algo que llevase huevo, porque, considera, es "el mejor alimento que hay". No daba una receta concreta, pero enumeraba las bondades de un producto que terminaba por etiquetar como "perfecto". Para la segunda propuesta, se centraba en la legumbre. "En España hay unas lentejas alucinantes", subrayaba antes de tirar hacia una rama completamente distinta: "El pollo o el cerdo tienen que entrar". Costillas de cerdo o alitas de pollo, era lo que salía de esa boca que ya empezaba a salivar.
Con gran generosidad, también daba las claves sobre un postre indispensable en nuestra gastronomía. Pero, lejos de una elaboración de esas en las que se afana su hermana, Eva, tiraba hacia una pieza de fruta. Eso sí, aderezada y endulzada de manera conveniente: "Naranja en ronchas, unas nueces, y una cucharadita de miel".
Si hablara de ellas o no en ese documental que ya se está preparando alrededor de su vida y al que, explicaba, aún le queda mucho para estar terminado. Tanto como para no mojarse en dar ni un solo detalle. Lo único que ofrecía era la sentencia de que "va a ser una historia muy bonita".

