Alberto Chicote señala el error que cometes al hacer la tarta de queso y cómo solucionarlo, de manera fácil: "Te termina destrozando la noche"
Alberto Chicote lo dice alto y claro y sin cortarse, en medio de las modas de dejar este postre con una textura demasiado líquida que puede hacernos daño

Alberto Chicote y lo que no soporta de las tartas de queso: te hace daño al estómago
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En ocasiones, no somos conscientes de que hay pequeños detalles en la cocina que pueden arruinar una receta e, incluso, darnos una de esas noches a las que se les coloca la noche de "toledanas". Alberto Chicote ha hablado de esto asociado a un postre que parece estar gozando de uno de sus mejores momentos en las mesas españolas: la tarta de queso. Ha sido este fin de semana, en el marco del festival gastronómico D*NA celebrado en Alicante, donde hemos podido escuchar a uno de los cocineros más mediáticos de nuestro país hablar de ello y darnos una recomendación que, seguro, va a salvar a más de uno.
Chicote enuncia ese error común alrededor de este postre de una manera muy rotunda antes de entrar en los pormenores de su razonamiento: "Yo no entiendo las tartas de queso sin cocer". El chef considera que, si para conseguir una textura más líquida hay que sacrificar ese paso de la cocción, no merece la pena sacrificar ese paso. "El huevo crudo, que te metes a la tripa, te sienta mal y te termina destrozando la noche. No puedo con ello, no puedo", argumenta una de esas voces autorizadas para hablar de fogones y de lo que pasa en ellos.

Además, aprovechaba para dar pistas de cómo la hace él. Efectivamente, es una de esas reinvenciones a las que da una vuelta de tuerca para que tenga el sello de alguien que lleva una vida dedicándose a esto: "Mi tarta de queso es una base de una galleta de jengibre y canela con una crema de queso absolutamente cocida del todo y, sin embargo, por más que está cocida del todo es sedosa y cremosa". Estamos, por lo tanto, ante una reinvención con sello de la casa.
"Al final, parece que todas las tartas de queso están sin cocer y, cuanto más líquidas, mejor. Y no lo entiendo, de verdad, las cosas tienen que estar cocidas, cocinadas con recetas equilibradas y medidas", se explica antes de lanzar una de esas sentencias lapidarias para rematar su discurso, bien argumentado: "Cualquier pastelero, que sepa de lo que habla, te dirá: No te comas cosas con huevo que están sin cocer'".
Lecciones de vida
Más allá de, en sus intervenciones públicas, dar 'tips' sobre cocina, Alberto también es dado a reflexionar sobre las circunstancias de su vida. Por si esas experiencias pudieran servir a otros. Hace no mucho, profundizaba en un pódcast sobre el bache que atravesó en un momento de su vida con la depresión y cómo se vio en la tesitura de pedir ayuda para poder salir de aquello: "Tuve que recurrir a alguien que me echara una mano y tardé dos años en salir del agujero".
Alberto, sin esconder nada, ponía nombre a lo que le pasó y daba las claves de ese proceso que, como decíamos, sigue sin explicase como tuvo lugar: "Me entró una depresión muy grande. Vivía en un cuarto de una residencia de ancianos. Nunca he sabido muy bien por qué me entró aquella depresión. Tenía amigos, el trabajo me encantaba, pero me entró una depresión enorme".
En medio de todo esto, apareció el fatalismo. Esos pensamientos que nos llevan a elevar hasta la categoría de catástrofe lo que, imaginamos, va a sucedernos: "Pensaba que me moría ya. No me dio por pensar, me dio por saber que me estaba muriendo todo el rato sin parar… Tenía el convencimiento absoluto de que si un día me dolía la cabeza es que tenía un tumor". Una hipocondría en estado extremo.

