Shakira hizo lo que tenía que hacer: el polémico vídeo de la caída y cómo ella siguió la inquebrantable regla del espectáculo

La colombiana ha sido cuestionada por no asistir a un miembro de su equipo ante una caída mientras estaba interpretando su canción 'Día de enero' durante su último concierto

Shakira

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Redacción digital

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El público mexicano ha estado disfrutando de una serie de doce conciertos que Shakira ha celebrado en el Estadio GNP Seguros de Ciudad de México como parte de su aclamada gira 'Las mujeres ya no lloran: World tour', que lamentablemente ha quedado marcada por dos momentos contrapuestos: la emoción de nuestra querida estrella y la fría lógica del show business. Estas doce noches de culminaron con una conmovedora despedida en la que la de Barranquilla, visiblemente emocionada, rompió a llorar ante el público mexicano, agradeciendo las más de tres décadas de apoyo incondicional. Pero en esta misma noche, un breve y fugaz momento durante la interpretación de su canción 'Día de enero', ha desatado una ola de críticas a través de las redes sociales.

Seguro que ya has tenido la oportunidad de verlo (y si no, lo tienes a continuación): es el vídeo que refleja la aparatosa caída de un cámara durante su concierto y la propia reacción de la artista, que parece no haber sido la más adecuada. Estas imágenes, que han corrido como la pólvora, muestran a Shakira caminando antes de subir al escenario, concentrada en su actuación, cuando el cámara que la seguía de cerca tropieza y cae de forma bastante visible. La cantante, al darse cuenta, reacciona con un gesto de asombro pero, sin detener su marcha ni la interpretación de su canción, continúa su espectáculo:

Este momento ha sido señalado por muchos como un gesto de indiferencia o una falta de empatía hacia su propio equipo. Sin embargo, si realizamos un análisis más profesional de este incidente llegaremos a entender y defender a la artista, ya que la máxima en el mundo del espectáculo es que el show debe continuar. Así que lo que vemos en este vídeo es cómo Shakira, como profesional que es, priorizó la calidad y el ritmo del evento para los miles de seguidores que habían pagado su entrada para verla.

La magnitud de un concierto de talla mundial como el de Shakira implica una estructura logística y de personal inmensa. En el momento del incidente, la artista no estaba sola. Decenas de miembros de seguridad y personal del staff, así como los técnicos de la productora del concerto estaban allí,  a escasos metros de ella y este miembro del equipo de vídeo. El objetivo principal de todos estos equipos es, precisamente, garantizar la seguridad y la fluidez del evento, lo que incluye atender cualquier incidente, por pequeño o grande que sea, con la máxima celeridad y discreción.

Detener un concierto, romper la atmósfera o interrumpir una canción ante decenas de miles de personas que han pagado por una experiencia es una decisión que nunca se toma a la ligera. No solo por el público, sino por la propia seguridad y el orden del recinto. La acción de Shakira al continuar con la canción, por lo tanto, no debería de ser como un acto de crueldad -como se ha podido leer en alguno comentarios en las redes sociales-, sino como la estricta aplicación del protocolo y la disciplina escénica. Ese gesto fugaz de sorpresa indica que se dio cuenta de lo ocurrido, pero su sentido del deber priorizó el cumplimiento del contrato con el público: ofrecer un espectáculo sin fisuras.

Además, en el protocolo de giras tan grandes como esta, los artistas tienen la seguridad de que un accidente de esta naturaleza será atendido de inmediato por el personal allí presente. Si Shakira se hubiese detenido a ayudar al cámara, es muy probable que, más allá de la buena intención personal, hubiese generado una distracción aún mayor para el resto del público y del propio equipo. Al continuar con la canción, en sincronía con lo que debía suceder sobre el escenario, después de subir las escaleras, ella delega la responsabilidad de asistencia en el equipo que está profesionalmente asignado para ello.

Así que menos criticar a Shakira y más esfuerzos por entender la complejidad del momento, especialmente cuando se trata de formatos como este world tour como un ejercicio de precisión milimétrica que hay que seguir al detalle. Desde las luces hasta el sonido, cada segundo está programado, así que existe poco margen para la espontaneidad. De esta manera, Shakira hizo lo que tenía que hacer en un acto de profesionalidad inquebrantable, respetando a los miles de espectadores que estaban pendientes de ella. PD: el muchacho está bien.

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