La Generación Z redefine los símbolos de estatus: los conciertos se convierten en lujo de alta prioridad

Son numerosos los estudios que se han realizado sobre la Generación Z y cómo la música en directo se ha colocado como su gasto más importante

Público en un concierto

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Público en un concierto

Noelia Borghini

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2 min lectura

La Generación Z, nacida entre finales de los años 90 y comienzos de los 2010, está transformando las pautas de consumo cultural y social, desplazando el concepto tradicional de lujo para situar la experiencia del concierto en vivo en la cúspide de sus prioridades, abandonando otras prácticas.

el poder del 'fomo'

Una de las claves para entender este auge reside en el famoso FOMO (miedo a quedarse fuera). El 86% de los jóvenes admite que gastar más de lo planeado en un concierto está justificado por el temor a perderse una experiencia irrepetible. De hecho, uno de cada cinco reconoce haber gastado más allá de sus recursos, recurriendo incluso a servicios financieros como el 'compra ahora, paga después' o a la financiación con tarjetas de crédito para no perder la oportunidad de vivir el show. La presión del entorno digital y la viralidad de ciertos conciertos, como las giras de Taylor Swift o Bad Bunny, multiplican el efecto: no basta con ir, hay que estar y contarlo. Plataformas sociales como Instagram y TikTok se convierten en extensiones del propio evento, y la publicación de fotos y vídeos en directo se percibe casi como una obligación social. 

Para esta generación hiperconectada, el valor de presenciar un show en vivo está en la vivencia, en 'vivir el momento' y en compartirlo tanto en el plano real como en las redes digitales. La asistencia a festivales y giras internacionales ya no es vista como una extravagancia, sino como una necesidad social y emocional. Un 44% de jóvenes considera los conciertos y festivales la experiencia más significativa de su vida social, muy por encima de cualquier otra forma de ocio presencial. Según un estudio llevado a cabo por 'Sympathy FTL': "En el total de asistentes, el 70% siente excitación, el 63% alegría y un 32% incluso euforia. La Gen Z tiende a vivir estas emociones como aspiracionales e inspiradoras, mientras que entre las generaciones mayores predomina la nostalgia. Un 34% de la media general dice sentir nostalgia en un concierto, pero la cifra sube al 40% en Gen X y al 54% en Boomers".

Este fenómeno responde en gran medida a una búsqueda de vínculo y pertenencia: siete de cada diez asistentes de la Gen Z afirman sentirse como en casa entre desconocidos en un recital, y el 65% viaja largas distancias para ver a su artista favorito, a menudo gastando por encima de sus posibilidades. Esto solamente remarca que la música es más que simples melodías.

Siguiendo otro reciente estudio, este de 'AEG', "la Generación Z lidera además el resurgimiento de los superfans: el 41 % se disfraza y el 12 % incluso se hace un tatuaje como forma de conectarse con sus artistas favoritos y otros fans".

LA LEY DE OFERTA Y DEMANDA

Mientras la demanda se dispara, el precio medio de las entradas también ha aumentado drásticamente: en España, solo en 2023, los tickets subieron un 37%, y a nivel global, un fan puede llegar a desembolsar más de 5.000 euros en un solo año entre entradas, viajes y merchandising exclusivo. Pese a ello, tres de cada cuatro integrantes de la Generación Z reconoce que está dispuesto a pagar aún más si lo exige la reventa o el acceso a experiencias vip. Este ecosistema ha convertido los conciertos en verdaderos rituales de consumo simbólico: la ropa del fandom, el tatuaje, las pancartas, incluso la comida temática del evento forman parte de un nuevo lujo basado ya no en el objeto, sino en la vivencia compartida.

La fiebre de los conciertos entre los más jóvenes ya está reconfigurando las estrategias de la industria del entretenimiento y el marketing, que apuesta por giras con escenografía inmersiva, paquetes de hospitalidad y experiencias personalizadas para captar ese deseo de exclusividad y pertenencia. En definitiva, la Generación Z ha convertido la música en directo en el nuevo símbolo de estatus. El lujo, en sus términos, es haber vibrado en primera persona junto a miles de desconocidos y poder decir: "yo estuve allí".

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