La acertada reflexión de David Cantero sobre la infancia de su generación: "Presente que creíamos eterno"

David Cantero ha escrito una acertada reflexión sobre el paso del tiempo y la infancia de las generaciones pasadas
David Cantero sobre su infancia
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David Cantero es uno de esos presentadores de la televisión que tanto nos llega. Sobre todo por cada una de sus reflexiones, sobre todo, las grandes lecciones que nos ha dejado durante el confinamiento. La última ha sido gracias a sus vacaciones que está recordando su infancia.

El periodista de ‘Informativos Telecinco’ compartió hace unos días una fotografía de un viejo kiosko. Junto a él escribía: “En ese viejo kiosko de latón, hace 50 años, me aupaba al mostrador para pedir ilusionado un delicioso polo, un Camy. Mis favoritos eran los de limón, también los ColaJet, y ahí sigue”.

La reflexión de David Cantero sobre la infancia de antiguas generaciones

Al ver esta imagen descubría que: “Es desconcertante comprobar cómo se ha transformado la vida en tan poco tiempo; en sólo medio siglo todo ha cambiado por completo. No queda nada de aquel tiempo... La vida es otra, el fulgor de las pantallas ha acabado con casi todo lo que de verdad merecía la pena experimentar y sentir siendo niño... No teníamos apenas nada, pero todo era auténtico y nuestro…”.

David Cantero infancia

Una publicación que se ganaba el cariño y los aplausos de todos sus seguidores. Y es que desde luego reflexionaba con acierto el paso del tiempo. Por eso dado el éxito de esa fotografía decidía compartir una fotografías de su infancia. En ellas se aprecia a un pequeño David Cantero disfrutando del campo, en concreto unas imágenes entre los años 1967 y 1971.

David Cantero piensa sobre el paso del tiempo

“En la primera estoy sentado en el kiosko... Fotos de aquel tiempo en que un machete y unos prismáticos de feria eran auténticos tesoros para un niño, y vivir intensas aventuras era una posibilidad cotidiana... Días de trepar a los riscos o a los árboles, de juegos en las eras, de montar en el trillo con el pelo lleno de paja, de saltar entre las traviesas y poner monedas en las vías para que las aplastara el tren (algo frecuente ya que vivía en una pequeña estación), largos días de montar en burro o en bici y de baños en la piscina municipal, en el lago o en las pozas...“.

Y es que para David Cantero, durante esa época era: “Cuando los relojes y los calendarios ni contaban ni pasaban, cuando sólo existía un hermoso presente que olía a pino, a brea, a vacas, a tomillo y a resina, un presente que creíamos eterno y que ya sólo existe en algunas viejas fotografías... “.

David Cantero de pequeño

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