Este vecino de Burgos nunca imaginó que 'coger prestado' un billete de 20 euros le iba a dar tal remordimiento

Encontrarte algo por la calle y quedártelo puede tener más consecuencias de las que te puedes llegar a imaginar y si no que se lo digan a este hombre
Este vecino de Burgos nunca imaginó que 'coger prestado' un billete de 20 euros le iba a dar tal remordimiento

 

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Si uno se encuentra algo por la calle de valor, siempre es aconsejable que se lleve a una comisaría cercana por si alguien pregunta. Pero claro, si lo que te encuentras son 20 euros no es tan sencillo denunciarlo. Al menos esto es lo que pensó el vecino de Burgos, cuya historia han dado a conocer nuestros compañeros de COPE.es.

Todo transucrrió días atrás en un municipio de la provincia de Burgos,. Un vecino del barrio se disponía a regresar a su casa procedente del trabajo cuando, de repente, se topó en el camino con un billete de 20 euros en el suelo. Una cantidad que, a juzgar por la actitud que adoptó este vecino, no debía ser significante, ya que optó por guardárselo en el bolsillo al comprobar que no había nadie alrededor que lo reclamase. Sin embargo, la historia no iba a quedar ahí.

Horas después y tras llegar a su residencia, presenció como su pareja mantenía una conversación telefónica inesperada. A priori no le dio mayor importancia, pero poco tardó en arrepentirse de haber cogido aquel sichoso billete. Al colgar el teléfono, su mujer le contó que acababa de hablar con una vecina del barrio, para preguntarle si por un casual había hallado el billete, ya que era buena amiga de su dueña. Y es que al tratarse de una localidad de pequeñas dimensiones, donde todos los vecinos se conocen, es fácil que se corra rápidamente la voz para solicitar ayuda. En cualquier caso, el hombre, que sentía algo de vergüenza, respondió que ''no había visto ningún billete'', mitiendo piadosamente a su pareja.

Tras esto, el pueblo entero se volcó para dar con el billete. Algo que parecería exagerado de no ser que quien había perdido el dinero está en situación de desempleo, viuda, sin derecho a pensión y con tres bocas que alimentar. La familia apenas sobrevive con el dinero que esta madre coraje gana limpiando algunas casas de Burgos. Y la situación no acaba ahí. Al parecer, la mujer cuando perdió el dinero se disponía a ir a la farmacia ''a comprar las medicinas que necesitaban sus hijos aquejados de un buen constipado'', tan propio en esta época.

El vecino que se había apropiado del billete, en un primer momento se desentendió de aquel drama. De hecho, nunca confesó ser él quien se lo quedó. Pero todo cambió unos días más tarde, cuando al llegar a casa, se encontró a su mujer, a una amiga y a la señora que perdió el dinero en la sala de estar.

Ella relató en su presencia ''las dificultades por las que estaba pasando para sacar adelante a sus hijos''. El testimonio conmovió de tal manera al vecino, que no podía levanzar la mirada del suelo del apuro que sentía por haber llevado su mentira tan lejos. El sentimiento de culpa no podía ser mayor.

En este punto, no dudó en confesar lo ocurrido a su mujer y círculo más cercano, que le recomendaron recurrir al párroco de la localidad. El vecino les hizo caso, y le confesó al párroco la verdad (no lo hizo en un confesionario) para posteriormente entregarle el billete que había cogido días atrás en plena calle y que fuera él quien le devolviese el billete a su legítima dueña.

El párroco valoró el arrepentimiento del vecino y aceptó dar la cara por él ante la pobre mujer aunque, como no puede ser de otra manera, le afeó su mala acción. Eso sí, no bastó con el arrepentimiento, tal y como informan nuestros compañeros, el párroco ''a cambio, le instó al vecino a invertir otros 20 euros en comida para ayudar a esta familia que pasa por importantes estrecheces''. Y así lo hizo, siendo el párroco quien también entregó a esta madre los alimentos, además del dinero.

La mujer, que preguntó en reiteradas ocasiones por la persona que estaba detrás de la hecho, no consiguió obtener el nombre, aunque ya los intuía. El padre, como mediador ante lo ocurrido, recondujo la situación y lo llevó a la lectura positiva, medió por el vecino arrepentido y respondió: ''se dice el pecado pero no el pecador".

La moraleja de lo ocurrido es que hay que intentar hacer de este mundo un lugar mejor y no hay mentira que lleve a buen puerto. Más vale prevenir que curar.

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