Qué fue de Beatriz Montañez: de ser rostro televisivo, grabar dos videoclips y ganar un Goya a refugiarse en una casa de pastores en medio de la montaña
En 2014 desapareció de la escena pública y Beatriz Montañez pasó de ser un rostro televisivo a una mujer refugiada en una casa de pastores en plena montaña. ¿Por qué este cambio?
Beatriz Montañez y su vida de ermitaña alejada del foco mediáticoPRODUCCION PROPIA.554/cordon pressDuyos's Show at the Madrid Fashion Week
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Año 2006. Una joven de ojos rasgados y sonrisa viva se incorporaba al espacio de LaSexta ‘El Intermedio’. Beatriz Montañez se convertía en una pieza fundamental dentro del programa a cuyos mandos estaba -y sigue estado desde entonces- el Gran Wyoming. Se convertía en uno de esos rostros televisivos que se colaba, cada noche, en nuestros hogares. Era ese salto a la fama, a pesar de que ya venía con un bagaje a sus espaldas.
Beatriz Montañez en una imagen de 'El Intermedio'
Por un lado, había hecho radio, prensa escrito y televisión -al otro lado del charco-. Incluso, se había colado en un videoclip como actriz, otra de esas facetas que cultivó mientras se iba haciendo hueco en el mundo de los medios de comunicación. ‘Te quiero igual’, en 1999, del gran Andrés Calamaro Una experiencia que repitió en 2009, dentro del amplio repertorio de una banda que es parte de la mejor variedad musical que escuchas en CADENA 100 como lo es El canto del loco: ‘La suerte de mi vida’.
Pero, como decimos, fue ‘El Intermedio’ esa ventana para que la colocásemos en el punto de mira. Fue parte del documental ‘Dónde estabas cuando…’, en espacios de la Forta -la plataforma que sostiene las televisiones autonómicas-. Un frenazo en su carrera la mantuvo un año y medio alejada de los focos, hasta que, en 2013, Telecinco la rescatara para dos de sus formatos. Primero, para acompañar a Jordi González -uno de los pesos pesados de Mediaset- al frente de ‘El gran debate’. Después, como una de las copresentadores de ese ‘Hablo con ellas’ que fue la última línea que escribió en su currículum en la pequeña pantalla.
Beatriz Montañez fue parte de 'Hable con ellas'
Borrón y cuenta nueva
Hablamos de 2014. Desde ese momento y hasta que en 2021 publicó su libro ‘Niadela’ -recordemos que lo de la escritura no le vino de nuevas: cuenta con un Premio Goya como guionista por el documental ‘Muchos hijos, un mono y un castillo’-, ni rastro. ¿Qué pasó con Montañez? Más allá de una polémica pública con un líder político, que decidió encaminar sus pasos por una senda con menos brillantina y mucha más serenidad. Tanta como para encontrar la calma en plena naturaleza, despojándose de toda esa maquinaria de magnificencia que desprende la pequeña pantalla y los proyectos que había acometido en su vida.
Un nuevo destino, sosteniéndose con lo mínimo en una casa de pastores en la montaña, gastando unos 100 o 150 euros al mes en lo mínimamente necesario para comer. Claro, estamos hablando del año 2021, donde aún no habían entrado en juego los aranceles de Donald Trump ni la inflación nos había golpeado con la severidad de los últimos años. “Tenía un trabajo que todo el mundo hubiera pensado que era maravilloso y una vida, vista desde fuera, que parecía idílica, pero había algo dentro que no estaba funcionando”, contaba ella misma, como parte de la promoción de la obra, en una entrevista concedida a LaSexta.
Portada de 'Niadela', el libro de Beatriz Montañez
La necesidad de la reflexión
Aún hoy sigue por esa senda donde la espiritualidad y el despojarse de lo que no es completamente indispensable son los pilares sobre los que ha edificado esta nueva manera de vivir. A principios de este año, concedía unas declaraciones a ‘El País Semanal’ en las que incidía en todo este entramado de ideas: “La vida es un continuo cambio definitivo, pero es también un paréntesis, pues nos encontramos en continua evolución y cada paréntesis marca un necesitado momento de reflexión. El resultado siempre será algún tipo de curación”.
Muy segura de sí misma y de esta hoja de ruta que sigue con fidelidad, Beatriz Montañez está dispuesta a continuar con ese ejercicio de enriquecimiento interior. De transitar alejada de las nuevas tecnologías y de todo lo que se comparte en las redes sociales. Una vida austera. Quizás, si se quiere, de otra época. Pero que, ella, ha sabido aplicar a su realidad actual para encontrar el sentido de la felicidad. Y de eso se trata al final: de que el camino de la vida lo sea de felicidad.