Teresa, la mujer más especial de la vida de Kiko Hernández: así la protege de los focos de la fama

Para el colaborador hay alguien esencial, por quien siente auténtica devoción, y a la que cuida muy mucho para que no pierda su anonimato
Kiko Hernández siente verdadera pasión por su madre, Teresa, a la que se encarga de mantener en el anonimato
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Kiko Hernández ha conseguido, durante la década larga que lleva como uno de los colaboradores principales de 'Sálvame', algo que es casi una misión imposible: ser capaz de cerrar a cal y canto todos y cada uno de los rincones de su vida privada. De hecho, cuando se convirtió en padre, lanzó un comunicado en el que advertía a los medios de comunicación que no se iba a andar con chiquitas en el caso de tener que emprender las medidas legales necesarias para que su privacidad estuviera a salvo. La misma que ha mantenido con esa vida sentimental que es una incógnita que dudamos que vaya a resolver nunca.

Así las cosas, hay otro aspecto de su existencia más íntima que causa inquietud y que, ahora, la revista 'Diez Minutos' ha puesto sobre la mesa. Se trata de su madre, Teresa, uno de esos pilares sin los que el rostro televisivo no entendería su paso por el mundo. Él siempre pone en valor lo buena madre y excelente abuela que es. Y hace un tiempo recordaba cómo de duro fue aquel momento en el que le dejó de reconocer por cómo afrontó esos primeros pasos en el mundo de la fama que le alejaron de sus seres queridos al entender su nuevo estatus de manera errónea: "Mi madre pensaba que había perdido un hijo y me lo decía. Ahora me dice que parece que vuelve a tenerlo".



La complicidad y el cariño entre ambos no solo es mutuo, sino también inconmensurable. Hasta el punto que, en la etapa más dura de la pandemia, este decidió alejarse de los platós por el miedo que tenía a contagiarse y transmitir la enfermedad a sus familiares. En especial, a ese mujer de 70 años que le dio la vida y a la que deseaba que le llegase el turno para recibir la vacuna que tantas esperanzas ha prendido en la sociedad.

Lo cierto es que la pasión y la entrega de Kiko por sus familiares no es nada nuevo. Recuerdan quienes mejor le conocen en la mencionado publicación que, cuando sus padres se separaron, él no dudó ni un instante en ponerse a trabajar para arrimar el hombro en casa. Lo mismo le dio servir mesas como camarero que vender libros. Cualquier tarea era buena para llevar dinero a ese hogar. Años más tarde, no es casi ni necesario ercordar cómo le cambió la vida con esa entrada en la casa de Guadalix de la Sierra que le valió para ser el personaje público que hoy es. Ese que saca las uñas por todo su entorno para que los focos recaigan solo sobre él y el resto pueda seguir disfrutando de su anonimato.




De las pocas veces que hemos visto a un miembro de su familia delante de las cámaras fue cuando este trabajada en 'A tu lado'. Fue enonces cuando su sobrino Eduard, por aquel entonces de tan solo dos años de edad, irrumpió por sorpresa en el plató y dejó al descubierto esa cara más tierna y familiar de un Kiko que siempre se ha refugiado tras una coraza dura. Ahora sabemos la verdad: no es tan fiero el león como lo pintan, él también tiene un corazoncito capaz de reblandecerse si quien lo toca es la persona adecuada.

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