ANA MÉNDEZ

Segundo capítulo de 'Diario de una noctámbula': ¡A trabajar!

Nuestra locutora nos hace cómplices de sus experiencias y sensaciones viviendo más de noche que de día
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Ana Méndez

Tiempo de lectura: 3’

Capítulo 2.- ¡A trabajar!


Me encanta el momento de salir de casa. Lo estoy deseando. Llega un punto en el que lo necesito. Atrás quedan las riñas de los chicos, el jaleo de la cena, el dormir a medias, la compra recién colocada, los ladridos de la perra, el “prime time” de la televisión… El salón se queda hecho un asco pero me da igual, escapar del follón es una liberación. ¿Por qué todos los conflictos surgen siempre a última hora?. Habrá que preguntárselo a Murphy, el de la ley.

Son cerca de las diez de la noche y voy en el coche camino de la radio. ¡Da gusto conducir a estas horas!. No hay atascos ni tantos autobuses, los semáforos están en verde, la tranquilidad es absoluta en la calle y además, aparco en la misma puerta como cada noche. Veinte minutos de mi casa al trabajo, y eso que hablamos de La Cibeles en Madrid. Total, un auténtico privilegio.

Es una de las ventajas de este horario, que el tema del transporte no es un problema y puedo venir en el coche. Me he mal acostumbrado de tal manera que, cuando me ha faltado el vehículo alguna vez, lo he pasado fatal, sobre todo con la vuelta a casa.

¡No sabes lo tranquilo que está todo por la noche en la radio!. CADENA 100 está casi vacía. Tan solo, Marta Docampo en la redacción preparando el programa y en el estudio, Almudena y Fran con el “Happy Hour”. Es el momento de la charla, siempre breve por las circunstancias del trabajo, del segundo (tercero o cuarto) café y de ponerse al día con ellos y con el mundo.

Para eso, antes de hacer el “directo”, suelo buscar algún estudio libre para preparar el programa. Una vez estoy en él, tengo mi ritual, como buena maniática, para organizarlo todo. Primero, bajo la iluminación del estudio. Eso es fundamental porque, a estas horas, huyo de la luz como los vampiros.

Después, me coloco la silla a mi gusto, pongo los monitores a mi altura, saco mis notas, los bolis, la botella de agua, el móvil… todo lo que me gusta tener cerca para estar cómoda (como tú en la oficina). Simplemente, soy muy ordenada trabajando y me gusta que todo esté en su sitio. Si no, me desconcentro.

Por último, pongo los programas a funcionar, abro mis redes, los correos y la web de la radio, además de mis páginas de información.

Dan las once de la noche y estoy pletórica de energía. Sola en el estudio, a mi rollo, a gusto y sin interrupciones de ningún tipo. La noche me ha enseñado a apreciar esa soledad y a sacarle partido. Es ahora cuando comienza lo bueno para mí, cuando me siento más viva y más despierta que nunca, con ganas de todo y feliz a persar de la hora que es.

Me gusta llegar pronto al trabajo porque así me cunde mucho más el tiempo, trabajo sin estrés y me organizo mejor. Como me he vuelto una auténtica friki de la red, este es mi rato para ponerme al corriente y sobre todo, informarme. La noche, a falta de otra compañía, me ha hecho aficionarme a navegar, a investigar, buscar información, contrastar noticias… es un ejercicio de lo más divertido y recomendable pero no tiene fin, la red es infinita y mi sed de sabiduría, también.

Ya son las dos de la madrugada y comienza mi turno en CADENA 100. Dicen que el tiempo pasa volando cuando uno está contento y hace lo que le gusta, no? Solo me doy cuenta de la hora que es cuando mi cuerpo me pide otro café y empieza a llegar a la redacción parte del equipo de ¡Buenos días, Javi y Mar!. Ahí me doy cuenta de lo rápido que se me ha pasado la noche.

En cuanto los intuyo a ellos por los pasillos, todo cambia. Es extraño. Después de unas horas abstraída del mundo, envuelta en esa calma de la que parece que no voy a salir, llega el bullicio. Y es que, aunque en la calle aún no brille el sol, se ha hecho literalmente de día. Ha llegado la alegría de todo un equipo que viene de lo más “fresco” dispuesto a comerse el mundo.

Ahí es donde la magia se acaba y aparece la cruda realidad: volver al “mundo de los vivos” con más sueño que los demás. ¿Pues sabes lo que yo hago?. Resucitar y otra vez de subidón, pero eso ya te lo contaré otro día.

¡Hasta la semana que viene!.

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