Lorena Gómez, la ovación cerrada a la valentía del trabajo hecho con constancia y amor en el estreno de 'Rincones': el esfuerzo (también) merece la pena
Lorena Gómez pone en pie un EDP Gran Vía lleno en su debut como actriz de teatro. El sueño de aquella niña que cantaba en su cuarto de Lleida, ya es una realidad
Lorena Gómez sobre el escenario del Teatro EDP Gran Vía
Madrid - Publicado el - Actualizado
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No sé si, alguna vez, alguien de quienes estén al otro lado de la pantalla leyendo esto hayan hecho el sano ejercicio de, al ponerse en un patio de butacas, valorar el esfuerzo de aquellos que han puesto en pie un espectáculo. Es una reflexión que comparto -y que invito a poner en práctica-, después del estreno de 'Rincones. El amor, ¿merece la pena?', en el EDP de Gran Vía en la tarde de este martes. Y sí, es cierto que la conexión emocional con la artista que ayer brilló en el centro de Madrid, haga que lo que se va a leer aquí no sea objetivo: que no os engañen, todo lo que está pasado por el prisma de la interpretación de alguien, es subjetivo -por pura definición-. Lo siento, lo reconozco. Voy un paso más allá: antes que periodista, una es un 'animal humano' con su corazoncito. Pero, además, el debut de Lorena Gómez sobre esas tablas fue de esos que hacen que no solo quede resuelta la duda de si merece la pena el amor, sino que certifican que el esfuerzo, también lo merece.
Porque, durante más de un año, Lorena ha protagonizado una epopeya de sacrificio. esfuerzo, constancia y una cantidad de horas de estudio que, como no podía ser de otra manera, se vieron reflejadas en una sala que rozaba el lleno. El 30 de septiembre pasa a ser una nueva fecha, dentro del noveno mes del año, que va a tener que marcar en rojo. ¿Quizás hacerle una canción? Ahí dejamos la idea. El estilo, lo dejamos a su antojo, porque el repertorio escogido para acompañar el libreto de José Andrés López de la Rica -director de la obra y guía espiritual de la recién estrenada actriz de teatro en esta travesía- le ha permitido explorar con esa garganta que lleva maravillando al público desde que se diera a conocer, televisión mediante, hace casi 20 años. Una de esas gargantas con un color de voz que puede permitirse subidas que no parecen al alcance de los mortales, lo mismo le da un toque personalísimo a las 'Rosas', de La Oreja de Van Gogh, que se atreve, con descaro, con un clásico de Silvio Rodríguez que tanta riqueza encierra en su mensaje: 'Ojalá'. No destriparemos mucho más de esa colección de sonidos, acompañados por las teclas de Angie Lófer, pero sí diremos que Laura Pausini, Malú, Rocío Jurado y hasta el mismísimo Joaquín Sabina, pueden estar bien orgullosos de estas versiones ejecutadas con delicadeza, por momentos, y con tensión dramática, cuando así lo requería la acción.
Una montaña rusa de sentimientos
A lo largo de esta hora y media donde cabe la comedia, con esos guiños simpáticos a través de las líneas del texto del director a los que ella entrega los matices acordados entre ambos para dotarlos de sentido -y de esos gestos, en los momentos precisos, que levantaban las carcajadas en el respetable-, pero también ese drama que es inherente a Lorena Gómez. Porque hay espacio para una intensidad que traspasa, que conecta y que llevó a más de uno a acabar con la lágrima fuera. Esas subidas y bajadas de intensidad emocional que colocan al espectador en una especie de montaña rusa. Sí, hay que atarse muy bien el cinturón para aguantar las sacudidas. Para soportar esos rincones a los que nos llevan. Porque, tal y como ella misma ha repetido en las entrevistas previas a esta representación, esta es la historia de todos y cada uno de los que estaban en los asientos de ese teatro. Esos desamores que rasgan. Ese descubrir las primeras veces. El ensimismamiento de los comienzos. Y, cómo no, los batacazos del desamor. Para terminar llegando al amor propio, que es el que nos va a acompañar siempre.
Interpretación y música dadas de la mano. Agarradas con fuerza. Bien ensambladas. En un trabajo de precisión milimétrica para que nada se escapase al azar de los nervios. Si algo tiene ella, es ese poder de crecerse una vez se sube a las tablas -y a medida que van pasando los minutos, con la comodidad de ver la respuesta positiva de quienes la observan de frente- y ve a quienes le han acompañado en este camino donde las luces siempre se han terminado por sobreponer a las sombras. Como en ese juego que se hace desde la cabina para acompañarla de un lado a otro del escenario. Cuando Lorena siente el foco, los miedos, las incertidumbres y las dudas se quedan atrapadas en la soledad del camerino. Así debe ser. Sobre todo, cuando se llega al día del 'examen final' con todo el temario bien aprendido y repetido hasta la saciedad. Puede confirmar quien escribe que se ha tomado este reto tan en serio, que puede ser el punto de partida de una carrera en paralelo a la de esa música que no ha descuidado, a pesar de las exigencias de 'Rincones'. Sus 'followers' también han sido testigos de cómo esas hojas unidas por una espiral le han acompañado en el gimasio, en viajes y hasta en las sesiones de composición de su nuevo EP. El techo, solo puede marcarlo ella misma, pero, reconocemos, desde aquí abajo, no alcanzamos a verlo.
El equipo como bandera
Como siempre, Lorena Gómez ha estado escoltada por gente con talento e ilusión. Por un equipo al que siempre ha da su sitio. Es consciente de la importancia que tiene. Más allá de Jose Andrés y Angie, las otras dos piedras angulares sobre las que se levanta el edificio de esta obra, Mireya y Marta se han encargado de las labores de producción. La primera de ellas, además, está detrás de cada detalle de las acciones que dotan de identidad a la obra. La peluquería, como siempre que ella se expone a un espectáculo, entrevista o sesión de fotos, obra de Alejandro Cabanillas. El maquillaje, para Antonia Espín. Lorenzo, Hugo y Alonso, a ellos les han correspondido las labores de luces y sonido. Porque hay que entender 'Rincones' como un todo. Como algo redondo donde, cada pieza del engranaje, suma. Se vio en esta primera función, y se verá en las 11 que quedan por delante. Anótalas: 14, 15, 20 y 29 de octubre; 4, 12, 19 y 26 de noviembre; y 3, 10 y 17 de diciembre -entradas a la venta-. Por el momento, fechas únicas. Esperemos que el respaldo de quienes aman el ocio en directo en esta ciudad permitan que tenga una larga vida en el Broadway madrileño.
Sí, lo decimos sin cortarnos: el Broadway madrileño. Puede que, a estas horas, aún no sea consciente de ello, pero no muchos tienen al alcance de sus capacidades artísticas estrenar un monólogo musical en la Gran Vía. Lorena Gómez lo ha hecho. Con nota.