La evolución musical de Miley Cyrus a través de sus discos: de dónde viene, hacia dónde va y el reto de mantener el nivel de la excelencia
La hemos acompañado desde su más tierna infancia, cuando era Hannah Montana, también inicio de su música. Así ha sido -y seguirá siendo- la carrera de Miley Cyrus
Miley Cyrus: así ha evolucionado su carrera y su sonido desde que la conocimos
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Qué duda cabe que hay dos hitos en la carrera de Miley Cyrus sin los que no se entendería su biografía laboral. El primero de ellos, obvio, es ese papel de Hannah Montana en Disney Chanel que fue con el que se dio a conocer a nivel mundial. Como tantas otras, se sumaba a la lista de estrellas salidas de la factoría audiovisual más prolífica. El segundo es ‘Flowers’, un número 1 de liberación con el que la industria musical empezó a tomarla con la seriedad a la altura del trabajo que ofrecía. Aquella canción, aquel ‘single’ que fue el contrapunto a la Bizarrap Session de Shakira -ambos temas son desahogo a una ruptura sentimental narrada en primera persona, pero con elegancias situadas en las antípodas la una de la otra-, no era sino una pieza de un disco con el que la de Tennessee llegaba a una madurez por la que pocos apostaban.
Decimos esto porque hubo un tiempo en el que la rebeldía y la polémica fue el pan nuestro de cada día en los titulares que la rodeaban. Malas decisiones y decisiones, quizás, no del todo acertadas para quitarse ese halo de candidez que se le había dibujado con el personaje de la mencionada serie que la puso en el mapamundi. Pero, como decimos, todo eso es pasado. Parte de lo que es y de cómo se ha curtido, sí, pero algo en lo que no vamos a ahondar.
Porque lo que nos ocupa es hacer un recorrido por esos nueve álbumes de estudio de los que consta una discografía en la que, si bien es cierto que no ha renunciado a ese punto canalla, sí que ha sabido canalizarlo hasta llegar a una excelencia que le valía, merced a ese ‘Flowers’, colocar el primer GRAMMY en la estantería de su palmarés.
‘Meet Miley Cyrus’ (2007)
El arranque musical va de la mano de esa Hannah Montana de la que tanto le costó desprenderse, con el paso de los años, para dar forma a una identidad propia. Incluso, ya no en lo sonoro, sino en lo estético y hasta en lo ético. Pero no se puede obviar que esta es la primera línea de su discografía. Lo que se recogía era la banda sonora de la segunda temporada de la producción televisiva y era esa oportunidad en la que conjugar todas las dotes artísticas de Miley, una fórmula que, desde Disney Chanel, han utilizado hasta la saciedad -de los Jonas Brothers a Violeta, pasando por Tini-.
Con tan solo 14 años, se convirtió en la artista más joven en situarse en la lista de los 100 de Billboard, donde permaneció más de 40 semanas en lo más alto. Quizás, uno de esos éxitos abrumadores que le llevaron a caer, con los años, en malas sendas de las que le costó salir. Como pieza clave sobre la que edificar el ‘tracklist’, un ‘Nobody’s perfect’ que se hartó de cantar en directo aquella niña prodigio.
‘Breakout’ (2008)
Una colección de una docena de canciones que, realmente fueron su primer álbum como autora con conocimiento de causa después de esa especie de parte del todo de Hannah Montana. Se vio envuelta en una serie de procesos que la hicieron adaptarse al medio y las circunstancias a una velocidad de vértigo, pero, a la vez, que le permitieron desarrollar todo el talento que emanaba de su interior.
Un disco con el pop rock como bandera -un ‘leitmotiv’ que sirve de hilo conductor de estos 18 años de carrera-, pero con algunos experimentos sonoros con los que ya dejar claro que no sería una más dentro del dibujo de la industria. Si tuviéramos que señalar un ‘highlight’ dentro del listado de canciones, sería, sin duda ‘7 things’. Un tema con el que se posicionó número 1 en diferentes países, sirvió para que algunos establecieran un paralelismo con alguien ya consagrada como Avril Lavigne o para que otros alimentaran el rumor de que el tema hablaba de un posible ‘lago’ con Nick Jonas -ni confirmó ni desmintió, prefirió dejar que cada cual le diera la veracidad que considerara al misterio-.
‘Can’t be tamed’ (2010)
El propio título ya era una declaración de intenciones de ese viraje que iba a realizar la buena de Miley: no puedo ser domada. Ni que lo dijera… Empezando por esa mezcla sonora en la que, alejándose de lo convencional de lo que había dotado a sus trabajos anteriores, hacía incursiones en el ‘dance’ o en acústicos. Balanceaba los ritmos de un extremo a otro, como para poner sobre la mesa esa capacidad de abarcar. O, puede, para dejar latente una de esas crisis de identidad que se tienen cuando una está rozando la mayoría de edad.
¿En qué tema nos detenemos que pueda representar esta época de exploración y experimentación? El que dio nombre al trabajo. Ese que, como ella misma explicó en su día, trataba de expresar ese deseo de salir y experimentar la libertad. Esa creación desde la que cantarle al mundo que ya no era la niña que habíamos conocido, que en su caminar, estábamos ya más cerca de conocerla como mujer. El juego en el videoclip, retozando en una especie de nido enorme, muy despeinada, o dentro de una jaula, era la manifestación visual de lo sonoro.
‘Bangerz’ (2013)
13 canciones y ‘Wrecking Ball’ -que sigue siendo parte de la mejor variedad musical que escuchas en CADENA 100- como uno de esos himnos que han pasado a la historia. Miley había sacado la patita de la liberación tres años antes; aquí, se desataba. ¿Cómo contener la energía de alguien montada, ligera de ropa, sobre una bola de demolición? Y eso que el inicio es dulce, pausado, acompasado… pero rompe de tal manera, que no hay quien pueda recomponer los pedazos de todas esas notas musicales saltando por los aires.
Y, yendo un paso más allá y centrándonos en lo meramente sonoro, Cyrus hacía sus primeras incursiones sólidas en el rock. Con este disco se consagraba como abanderada del canalleo. Coincidía con esa etapa en la que las sustancias entraron por la puerta de su casa dando pie a perderse en laberintos con más oscuros que claros. Miley Cyrus atravesó un tiempo donde el ‘twercking’ era su ‘safe place’. Un movimiento con el que muchos vieron como ‘mataba’ a aquella dulce Hannah Montana. Había crecido y estaba dispuesta a gritárselo al mundo.
‘Miley Cyrus and her dead petz’ (2015)
Qué duda cabe de que Miley Cyrus estaba por la labor de ofrecer cosas nuevas. Aquí se separa de lo convencional o de todo aquello por donde se había movido para entregarse a la música experimental, a la neopsicodelia y al rock con tintes más psicodélicos que aquellos con ecos poperos con los que ya contaba en su repertorio. De hecho, la crítica aplaudió la osadía y esa invitación a la reflexión que tiende a través de las 23 canciones que lo componen. Sí, un número abultado y con bien de generosidad, pero necesario para ese concepto que quería compartir y con el que se distanciaba de inversiones mucho mayores a nivel económico, como el desembolso que se hizo para ‘Bangerz’.
Si es cierto que hay que escuchar, de arriba abajo, el ‘tracklist’ para comprender ese arte conceptual y sus inmersiones en terrenos inéditos para ella hasta la fecha, vamos a hacer un alto en el camino en ‘Dooo it!’, aunque solo sea porque fue la elección como primer ‘single’, algo para lo que siempre ha sido muy cuidadosa -si se quiere, regresemos a ese punto desde el que partíamos, a ese ‘Flowers’-. El videoclip, con ese primer plano de Miley chupando purpurinas o líquidos, es una especie de alegoría del bucle en el que se había convertido su vida.
‘Younger now’ (2017)
De lo experimental, pasamos a lo sentimental. A nadie se le escapó que su reconciliación con Liam Hemsworth fue una inspiración más que soberbia para esta colección de 11 canciones a través de las que volver a sentirse ‘más joven que nunca’. Pero no solo eso, sino que empezó esa transformación hacia una imagen más formal. Se alejaba de la erótica y la provocación de ‘Bangerz’ y de esa experimentación de ‘Miley Cyrus and her dead petz’. Aquí comenzaba a construirse esa mujer más centrada y sensata que no había de llevar a lo que hoy le ha valido ser una de las luces más brillantes del ‘star system’ musical a nivel internacional.
Aquí, además de ese regreso al pop rock que le había servido para sentar unas bases sensatas de las que se había alejado, hace acto de presencia el ‘country’, un género donde su padre, Billy Ray Cyrus, tiene un nombre hecho. Los casi cuatro minutos de ‘Malibu’, de nuevo carta de presentación para un proyecto, son una muestra representativa fiel de lo que es un trabajo que trazó una línea clara para el antes y el después de aquella nueva Cyrus. Hasta el vídeo, con tonos más blancos y con una actitud naïf correteando por el campo delante de un perro, así lo manifestaba.
‘Plastic Hearts’ (2020)
Miley bebe de todo lo que le ha funcionado a nivel rítmico y sonoro, con el rock como eje, pero dotándole de la riqueza de los subgéneros -glam, pop, hard, punk…-. Cyrus llevaba ya el tiempo suficiente viviendo de esto como para encajar las piezas del puzle, a pesar de que, a algunos, les pareciera que pudieran no encajar. Y la fuerza que ya había cobrado en la escena se manifiesta en esa colaboración al lado, nada menos, de Dua Lipa -si bien es cierto que el ‘boom’ grande de esta última sería postpandemia-.
Hablamos de ‘Prisoner’, con el dance punk y el dance rock para entroncar con su compañera, y ese glam rock en el que Cyrus siempre se ha manejado como pez en el agua. Una fusión que daba pie a una canción que la propia Dua Lipa también incluía en su álbum de estudio ‘Future Nostalgia: the moonlight edition’, lanzado al mercado un año después que el de su buena amiga,
’Endless summer vacation’ (2023)
Podría considerarse -a la espera de lo que sea capaz de cosechar con ‘Something beautiful' como la obra culmen de la artista que escuchas dentro de los 45 minutos de música sin interrupción en CADENA 100. Mucho más roquera y con un tono de voz más hecho, con más cuerpo, Miley Cyrus se ganaba el aplauso de público y crítica. Hasta el punto, como ya apuntábamos, de que ‘Flowers’ le valía el primer GRAMMY de su vida.
Ese alcanzar la sensatez como para cantar al desamor sin echar tierra de más encima de la otra parte, convirtiéndolo en una oda de empoderamiento y de hacerse valer a sí misma, era muy llamativo. Tanto como para que se le haya dado el lugar que llevaba más de década y media buscando en un sector que se conoce como la palma de su mano y en el que ha actuado en todas las grandes galas que a uno se le puedan venir a la cabeza.
‘’Something beautiful’ (2025)
El 30 de mayo de este año llegaba el que, hasta la fecha, es el trabajo que cierra su discografía: 'Something B'eautiful' . Un ejercicio que debe servirle para consolidarse en una cima en la que se la nota cómoda. Para ello, 13 canciones. Le sirven para experimentar y para, desde ese trono que ocupa con credenciales ganadas con el sudor de su frente, entregarse al pop progresivo. Ella misma explicaba en una entrevista cómo se había tomado la libertad de, incluso, hacer algún guiño a aquella Hannan Montana que, años atrás, indicaba que había "matado". Como adelanto, tan solo un número 1: 'End of the World'.