VA DE CINE

Cine en casa, con Luis Moreno

La rosa púrpura del Cairo y Sin rastro son nuestras propuestas de hiy
Cine en casa, con Luis Moreno

Tiempo de lectura: 3’

“La rosa púrpura de El Cairo”

(The Purple Rose of Cairo - Woody Allen - 1985 - EE.UU.)

En 1.985 Woody Allen escribió y dirigió una comedia romántica, centrada en la Gran Depresión, que contaba la historia de una camarera deslomada trabajando mientras su marido hacía el vago. Su única vía de escape era el cine, al que acudía una y otra vez para refugiarse de la realidad y soñar con un mundo de champagne, smokings y fiestas elegantes. Una noche, uno de los personajes de su película favorita, se fija en ella y atraviesa la pantalla para conocerla: “La rosa púrpura de El Cairo”.

Disparatada, pero sobre todo ingeniosa, es la trama argumental de “La rosa púrpura de El Cairo”. Aquí nos encontramos al Woody Allen más talentoso, al que es capaz de desplegar todo un arsenal de frases y diálogos brillantes. Un portento narrativo que con posterioridad sería copiado en infinidad de ocasiones. Su magia cinematográfica es de alta escuela, convirtiendo el hecho de ir al cine en la puerta de entrada a nuestras fantasías más íntimas.

Uno puede ver “La Rosa Púrpura del Cairo” una docena de veces y siempre parece nueva. Nunca defrauda. Detrás de cada plano es frecuente encontrar nuevas maravillas que retan al intelecto. Todo filmado con un estilo tan clásico como nostálgico, donde Allen nos entreabre la puerta de escape a nuestras existencias grises, permitiéndonos por un momento soñar y tener al alcance de la mano aquello que deseamos. Realidad y ficción se mezclan para mostrar la perentoria necesidad del cine. Un intencionadísimo guiño cinéfilo.

Si miramos en el fondo de la chistera, encontraremos un rendido homenaje al espectador de las salas comerciales. Al paganini de turno que compra ilusión para combatir la cruda realidad circundante. “La Rosa Púrpura del Cairo” no es una película para rendir homenaje al cine sino a los espectadores. A aquellos que ya advertidos del engaño, todavía se quedan a ver la siguiente película. Eso sí, una vez han evolucionado como personas gracias a los acontecimientos que ha vivido... en el cine.

“No dejes rastro”

(Leave No Trace - Debra Granik - EE.UU. - 2018)

Dejamos el clasicismo y pasamos al cine contemporáneo.

En esta ocasión recomendamos un drama sobre la naturaleza, que en 2.018 estuvo considerado como una de las mejores películas independientes en los EE.UU.: “No dejes rastro”.

Cuenta la historia de un padre y su hija adolescente que viven aislados de la civilización en un gran parque nacional. Todo se les complica cuando son detenidos por la policía al ocupar una zona reservada. En realidad se trata de una historia de inadaptados que buscan la soledad voluntaria como forma de vida. Y en trasfondo, una evidente crítica a la sociedad de consumo que ni tan siquiera deja espacio para nuestros pensamientos más íntimos.

Con grandes interpretaciones por parte de la pareja protagonista, Ben Foster y Thomasin McKenzie, la producción discurre dentro de un marco libertario que reivindica valores como la ecología, el desinterés por las propiedades y la vida pacífica sin complicaciones. Además, su directora y guionista, Debra Granik, en un alarde de fina sensibilidad, juega perfectamente las bazas de una historia sencilla pero conmovedora que acaba calando en el espectador.

“No dejes rastro” también apuesta a plantearnos conflictos morales, dilemas que nos llevan a considerar si es conveniente que un padre anime a su hija a vivir fuera de la sociedad o, hasta qué punto, es razonable una lucha contra el sistema imperante. En este sentido resulta brillante la secuencia final, justo cuando la hija toma conciencia de su propia identidad y debe conducirse según unos criterios propios. En ese punto el simbolismo la película cobra pleno sentido.

CADENA 100