Todos tenemos esa canción especial que pensamos que podríamos escuchar en bucle toda la vida; pero no, y es que, según los expertos, “al sobreestimular los centros de placer, el estímulo pierde su potencial evocador". Lo mismo sucede, por ejemplo, con la comida.

Otro factor que influye en este proceso es la complejidad de la canción. Si su estructura es poco común, hay más probabilidades de que el estímulo se siga produciendo.
Una muestra de ello es “Bohemian Rhapsody” de Queen, un tema icónico, entre otras muchas razones, por su estructura original, sin estribillo y con seis estrofas diferenciadas.

Ante este posible aburrimiento, una solución pasaría por evitar la canción en cuestión durante un tiempo, para redescubrirla y volver a estimularnos como antes.


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Otro motivo que nos lleva a cansarnos de una canción es el recuerdo que tengamos asociado a ella, como una expareja, por ejemplo, así que, no dejes que un mal recuerdo te robe una canción genial. No hay nada como crear recuerdos nuevos con gente nueva. Y así con todo; películas, bares...

Un abrazo de Jordi Cruz.