Manuel Carrasco ha llegado "muy emocionado", cinco años después de su última actuación ante sus paisanos y con ganas de devolver todo el cariño que le llevan demostrando desde el principio y del que aún no se considera "merecedor".

Así nos lo ha contado en una rueda de prensa previa al concierto, en la que ha remarcado que vuelve "a su tierra", donde "desconecta" y en la que sigue siendo "Lolito", como lo siguen llamando.

Sin el "vértigo", por el momento, profesional y personal en el que se encuentra pero sabedor de "la responsabilidad y la presión" que este supone, ha salido a brindar "el mejor de sus bailes" a su pueblo siendo "más Lolito que nunca".

El cantante saltó el pasado sábado al escenario y tras un piropo a su Isla Cristina, ha desatado las pasiones de sus miles de seguidores con los temas "Tambores de guerra" y "Aprieta".

En el que es el concierto en el pueblo más multitudinario que ha ofrecido nunca, según el mismo ha reconocido, ha arrancado los aplausos del público con sus primeras palabras: "Parece mentira, aquí empezó todo, llevo todo el día emocionado, vamos a dejarnos la vida por ustedes, como siempre".

A partir de ese momento interpretó canciones de su último disco y otros temas que han marcado su carrera como 'Y Ahora', 'Sabrás' o 'Mujer de las mil batallas', que ha dedicado a Paula, una joven de Moguer (Huelva) que ha superado una leucemia, coincidiendo con su 17 cumpleaños.

También ha tenido palabras para su niña a la que ha cantado "Pequeña sonrisa sonora", para lo cual ha contado en el escenario con una de las voces femeninas con más impronta del panorama nacional, Pastora Soler, en la que ha sido su segunda aparición tras su retirada de los escenarios y que lo ha definido como "amigo y poeta".

El recuerdo a sus raíces, a su infancia y juventud, a su querido carnaval, se ha hecho un hueco en el concierto y con gorro en cabeza y guitarra en mano ha entonado 'Yo te vi pasar' o 'Tengo un amor'.

Tras esto, más y más canciones, con su banda o solo con su piano, y como preludio del fin de fiesta, un poema hecho copla a su Isla Cristina, a sus vivencias en ella y a su familia, a ritmo de palmas, guitarra y cajón flamenco, acompañado por su amigo 'Pepito El Caja'.

Y así casi dos horas y media junto a un público entregado que le ha demostrado con creces su fidelidad de principio a fin, permitiéndole, como el mismo ha dicho, "cumplir su sueño" y marcharse para "seguir siendo uno mismo en cualquier parte".