La fiesta que conmemora la batalla de Puebla (México) de 1862 motiva desde hace años una recepción anual en la Casa Blanca, y el presidente de EEUU, Barack Obama, quiso despedirse de la tradición al ritmo de Maná, que tocó siete de sus grandes éxitos ante decenas de personas que bebían margaritas en la Sala Este de la residencia presidencial.

"En mi último Cinco de Mayo en la Casa Blanca, en compañía de este extraordinario grupo, quiero recordar a todo el mundo todo lo que hemos conseguido (en mi Presidencia)", dijo Barack Obama.

"Seguimos luchando para arreglar nuestro sistema migratorio roto. El hecho de que no pudiéramos aprobarla en el Congreso (una reforma migratoria) ha sido uno de los aspectos más frustrantes de mi Presidencia", reconoció.

Pero confió en que sus medidas ejecutivas para detener la deportación de unos cinco millones de inmigrantes indocumentados, y que ahora están suspendidas por un tribunal y a la espera de la decisión del Supremo, ayudarán finalmente a "abrir el camino para que finalmente se apruebe esa ley en el próximo Congreso".

"Seguiré trabajando en esto (la reforma migratoria) no solo como presidente, sino como ciudadano, una vez que me vaya de aquí, porque creo que es una de las cosas más importantes que podemos conseguir", prometió Obama.

Para lograrlo, sin embargo, es necesario que los latinos "salgan a votar" en las elecciones presidenciales de noviembre.

"Vamos a tener que conseguir unos índices históricos de participación en noviembre", apuntó el mandatario, que ha prometido apoyar al candidato demócrata a la Presidencia.

Poco antes, Obama llamó por teléfono al presidente de México, Enrique Peña Nieto, para "desearle un feliz Cinco de Mayo" y conversar sobre "el trabajo compartido para impulsar la prosperidad y la seguridad de los estadounidenses y mexicanos", explicó.

Obama habló después de que Yanely González, una joven estadounidense con padres mexicanos indocumentados, explicara a la audiencia que votará por primera vez en las elecciones de noviembre y lamentara "no poder votar por un tercer mandato" del actual presidente.

La audiencia respondió con gritos de "¡Cuatro años más!" para Obama y una de las asistentes exclamó "¡Ya te echo de menos!" cuando el mandatario terminó su discurso.

La respuesta de Obama fue breve: "además de que la Constitución (lo prohíbe), Michelle no lo toleraría".

 


El mandatario no asistió al concierto de Maná, pero elogió su "increíble actuación" de más de media hora, que comenzó con el éxito "Labios compartidos".

"Para nosotros, mexicanos de Guadalajara, es un honor y un sueño estar aquí tocando para latinos en la Casa Blanca", dijo Fher Olvera, el cantante de la banda ganadora múltiples Grammys.

El vocalista intercaló varios "¡Viva México!" a medida que la banda desgranaba su repertorio, pasando por "En el muelle de San Blas" y "Mariposa traicionera", que el cantante definió como una oda "a esas mujeres mexicanitas a las que amamos tanto y que nos ponen los cuernos".

Después de tocar "Vivir sin aire", "Dónde jugarán los niños" y "Rayando el sol", el público pidió un bis y la banda accedió con "Corazón espinado", el tema que popularizaron junto a Carlos Santana en el año 2000.

Entre el público estaban el productor cubano Emilio Estefan, la recién confirmada embajadora de EEUU en México, Roberta Jacobson; el secretario de Trabajo, Thomas Pérez, y el congresista demócrata Joaquín Castro, de origen mexicano.

El cantante de Maná, que ha sido muy crítico con el aspirante presidencial republicano Donald Trump, se mostró esta vez más comedido y se limitó a pedir a los latinos que dejen atrás la "flojera" y salgan a votar en noviembre.

"Los latinos pueden mover la balanza de la Presidencia", dijo a los periodistas Olvera, que en otoño recorrerá Estados Unidos junto a Maná en su gira "Latino Power Tour", dedicada a alentar el voto latino en las elecciones generales.

Pero antes de abandonar la Casa Blanca, reconoció: "Yo creo que Donald Trump no nos hubiera invitado (de llegar al poder)".