No es el tema más popular de Sebastián Yatra, ni es, hoy por hoy, el que más visitas tiene de entre sus no muy numerosos lanzamientos. Pero ha conseguido con "No hay nadie más" superar, como con otros lanzamientos, los 100 millones de visitas en YouTube. Y, por eso, recordamos que hoy hace un mes nos hizo llegar una carta que decía mucho de su faceta de artista.

Aquí está su carta, y su videoclip: 

Hola, soy Sebastián Yatra, en serio, nadie está escribiendo por mí. 

Para este nuevo lanzamiento le pedí a mi equipo de trabajo que me permitiera dirigirme a ustedes de manera directa. 

Les quiero pedir algo. 

Por favor, no escuchen la canción y no vean su video hasta que no me den la oportunidad, primero, de leer algo que escribí desde el corazón y que, como si fuera un pequeño cuento, guarda las pistas de un amor tan grande como la aventura de viajar hasta un confín del mundo. 

Imaginen un lugar donde no hay nadie más y solo suena el viento. Un hombre, con un anillo de ardilla y otro de serpiente en una de sus manos, conecta su guitarra Gibson a un amplificador, y se deja llevar por una canción que a su vez lo transporta al momento en que por primera vez conoció a esa persona que hizo que todo lo demás fuera invisible. 

Quizás, también por vez primera, en aquel lugar donde la inmensidad de la Patagonia conecta al hombre con la verdadera luz que de su corazón sale, una canción sincera y sin otro adorno que el de la felicidad mezclada con la nostalgia resuena entre los árboles con la sencilla electricidad de la guitarra. Y luego de cruzar las montañas nevadas, el canto llega hasta la rivera de un lago, especie de secreto profundo de la región patagónica del Califato. 

Ese hombre, que recuerda aquel día en que el amor lo encontró, como si fuera hoy, sin saberlo está recorriendo los mismos pasos de los tehuelches, antiguos nómadas que recorrían la Patagonia mientras dejaban volar su imaginación y recordaban como Kóoch, su Dios, en medio del agua quiso ver con claridad al mundo que lo rodeaba y con su mano creó una chispa que finalmente se alzó sobre toda esa inmensa superficie que el viento cela de una forma inigualable. 

Fue su primer amor, y aún en la tempestad el hombre promete en su canción que no piensa renunciar a su recuerdo. Él no lo sabe, pero con su llanto, Kóoch había formado el mar, los ríos y los lagos; y con sus suspiros había creado el viento. Algo inexplicable pero real, como la mirada de quien hace que la tierra se detenga cuando está con uno. 

SEBASTIAN YATRA